Remakes y secuelas

Pese a lo que se considere crisis de originalidad, no cabe duda de que cuando una película ha tenido éxito, salvo casos especiales todos queremos que de ese éxito surja una saga.

Del mismo modo que me parece correcto traer a las nuevas generaciones películas de otra época para que estas sean conocidas también por el nuevo público.

Además la calidad de estos remakes/secuelas no tiene porque ser peor que el original, de hecho en ocasiones los nuevos tiempos favorecen la mejora de la película en cuestión.

Aquí algunos ejemplos de mejoras:

Seguramente la mejor secuela que haya habido es Terminator 2, infinitamente superior en calidad y en emoción a la primera que en su momento casi fue una serie B.

La Scarface de Brian de Palma y Al Pacino (1983) fue mucho más comercial y conocida que la original (1932).

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Infiltrados (2006), la obra maestra de Scorsese también fue un remake, y gracias a Dios que se hizo ya que nos habríamos perdido la mejor película de mafia y crimen organizado de lo que llevamos de siglo.

Oceans Eleven (2001) sobrepasa y abrumaría a la película que en su día protagonizó Sinatra (1960).

Ocean's Eleven clásico, con Sinatra &Co.

Ocean’s Eleven clásico, con Sinatra &Co.

La tan aclamada saga de Nolan sobre Batman y El tren de las 3:10 (2010) con Crowe y Bale son otros ejemplo de ello.

Aunque los mejore ejemplos se encuentran en el cine de terror; cuyas sagas (Insidious, Paranormal activity, Saw o cualquier slasher que se precie..)proliferan sin parar.

Pueden ser remakes de películas asiáticas y en el caso de The Ring (2002), la adaptación americana funciona mucho mejor.

La enésima versión de Dracula (de Bram Stoker, 1992) si fue la vencida con la obra maestra firmada por Coppolla, una película que tiene un en este blog (recomendable para fans).

Digno remake fue el de Halloween o el de La Matanza de Texas (2003), esta última mejor que la original.

595319_640pxMejor también podría considerarse o al menos al mismo nivel, el remake dirigido por Scorsese de El Cabo del Miedo (1991) recordado por la gran actuación de De Niro.

John Carpenter, uno de los mejores directores de terror de la historia si no el mejor, deslumbró en su remake de La Cosa (1992), convirtiendo una película de serie B en un clásico de culto.Lo mismo hizo con El Pueblo de los Maldito(1995).

Mención especial merece la versión de Amanecer de los Muertos (2004), (remake de la secuela del clásico de George A Romero La Noche de los Muertos Vivientes, (1968), de Zack Snyder que le confirmó como un talentoso director. Después haría Man of Steel o 300 entre otras.

Posesion Infernal o Las colinas tienen ojos tuvieron el mismo efecto.

En breve tendremos esperadas secuelas como Misión Imposible 5, Jurassik Park 4, Star Wars 7, Man of Steel 2 y remakes como Carrie o Robocop.

 

Yo francamente estoy expectante.

 

José Mtnez Reixa

La originalidad en el cine

Hoy en día cabría preguntarse si está todo hecho en el cine.

La respuesta es definitivamente que no, ya que pese a la proliferación de remakes y de secuelas de grandes películas, cada poco tiempo surgen películas o directores que siguen sorprendiéndonos con su originalidad.

Originalidad diferente en cada caso. A continuación veremos algunos ejemplos de las películas más originales o innovadoras del cine y su porqué.

Si hablamos de originalidad, hablamos de un nombre propio de nuestros días, Christopher Nolan, uno de esos directores que no puede encuadrarse en ningún género y en ninguna corriente. Representa una visión distinta de cómo hacer cine, un nuevo estilo que comenzó

con la peculiar Memento y que siguió con El Truco Final, pasando por su realista versión de Batman, hasta el soñador y sobrecogedor mundo propio de Origen, la más ambiciosa película fantástica del nuevo siglo.

Hay otros nombres propios cuya estética no se puede obviar como es la de Terry Gilliam por ejemplo con sus 12 monos. Shyamalan, ostenta su originalidad, en lo sorprendente de sus argumentos, con un gran resultado en películas como El Protegido, El Sexto Senido o El Bosque.

Shutter Island _Wallpaper.jpgLa sorpresa narrativa es un buen instrumento para dar cabida a la originalidad. Originalidad argumental como la de El Club De La Lucha o Seven, ambas de David Fincher , o como la de Shutter Island de Scorsese, un maravilloso rompecabezas con un final genial.

La originalidad puede verse en el tratamiento de temas no vistos hasta la fecha, como ocurrió con Star Wars en su día o como por ejemplo retrato Ang Lee en Brockeback Mountain con una innovadora historia de amor.

Esta originalidad puede representarse mediante visiones más arriesgadas y oscuras pero igualmente innovadoras, como ocurre en La Naranja Mecánica de Kubrick en Funny Games de Haneke o en Saw de James Wan.

El cine de terror es una muestra de cómo la originalidad puede hacer de una película sin presupuesto, una película de culto. Lo apreciamos en la nueva estética de El Proyecto de la Bruja de Blair o Paranormal activity o de Buried del español Rodrigo Cortés.

Esa misma originalidad con falta de presupuesto la ha demostrado Kevin Smith en sus comedias Clerks o Dogma, atreviéndose con irreverentes diálogos inéditos hasta entonces.

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Si hablamos de estética hemos de hablar de Tarantino y su Pulp Fiction, donde mezcla géneros (violencia y comedia) con un gran resultado.

Necesario hacer referencia a Mel Gibson utilizando el arameo en la atrevida La Pasión. Así mismo, Matrix fue una autentica revolución, dando cabida a un revolucionario uso de los efectos especiales en una compleja historia.

Podemos referirnos como original a lo pionero, a aquello que cambió la manera de hacer cine desde entonces, como El Exorcista, Tiburón o Psicopsis, que establecieron fórmulas repetidas hasta la saciedad creando géneros propios como el caso del slasher en el caso de Psicosis (donde encontramos otro pionero del género de terror, Halloween).

Nuevos títulos como La Cabaña en el Bosque o The Purge, o sagas gamberras como Kick Ass, siguen demostrando que la originalidad no tiene fin y el cine por tanto tampoco.

José Mtnez Reixa

Tiburón y otros monstruos en el cine

Soy de esas personas que no pueden pasar un verano sin ver la película Tiburón (1974), la obra maestra dirigida por Steven Spielberg, y este verano no ha sido una excepción.

Sólo perduran en la historia aquellas películas que rememoran cada vez que son vistas, la misma sensación de la primera vez de su visionado.

Ahora, la gran pregunta: ¿Pasa algún verano sin que, alguna vez que os metéis en el agua, os acordéis de la terrorífica sensación que os provocó la película?descarga (6)

Hay multitud de factores que han podido provocar que esta obra maestra se haya anclado en lo más profundo del subconsciente de toda una generación. Tal vez fuera el innovador uso de la cámara de Steven Spielberg bajo el agua, el propio respeto hacia el espléndido animal protagonista de la película o la legendaria composición de John Williams, cuya tensión no ha sido superada (no es una gran idea acordarse de la banda sonora cuando uno nada solo en alta mar…).

La extrema dificultad de su rodaje y la arriesgada apuesta por un director joven, pese a la buena acogida que en su día tuvo la novela en la que está basada la película, nadie podía imaginar en el fenómeno de masas en que se convertiría la película. Una película de culto, que batió todos los récords de taquilla.

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Alguno le pondrá pegas a la manera en que está hecho el animal que sale en la película, en mi opinión ninguna de las recreaciones, exclusivamente virtuales, del animal en las películas modernas sobre tiburones (Deep Blue Sea, Shark Knight) se acerca a la sensación de realidad que esa criatura provocó en los años 70.

De hecho ninguna secuela o película que haya imitado el canon artístico que impuso Spielberg ha alcanzado un éxito parecido. (Tal vez Tiburón 2 mantuvo un buen nivel respecto de su predecesora).

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Fue el propio Spielberg el que repitió éxito con Parque Jurasico, donde unos

enormes dinosaurios cambiaron por completo las posibilidades del ¨cine de monstruos¨.

No soy ningún fan de las antiguas películas sobre criaturas, que debido a las pobres posibilidades, apenas producían impacto.

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No obstante la percepción de este género cambió en los finales de los 70 y 80 con el

clásico Alien, de Ridley Scott y algún remake de clásicos como King Kong (sin haber llegado a

la perfección alcanzada por Peter Jackson en la versión más moderna) cuando este tipo de películas dejaron de ser de serie B.
En los 90, fueron varias el regreso a las historias antiguas de monstruos pero con mejores efectos, como en el caso de Godzilla, la bien recibida Anaconda o la entretenidísima Temblores.

En el nuevo siglo son varias las innovaciones que hemos encontrado, ya en Hollywood con Monstruoso o en Japón por ejemplo con The Host.

Dentro de poco se estrenará una versión de Godzilla protagonizada por Aaron Johnson y Brian Cranston. También se habla de un remake de Tiburón, desde luego a este género le queda cuerda para rato.

José Martínez Reixa

JOHN WAYNE y el western

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Es bien sabido que el western es uno de los tres géneros cinematográficos característicos, y casi monopolísticos, de Hollywood, siendo los otros la comedia, incluida el screwball, y el cine “negro”, géneros que se remontan a los principios del cine y que aún perduran. Así, en el caso del western, en los últimos años hemos disfrutado de cintas como Dances with wolves (Bailando con lobos, 1990 ) de Kevin Costner, Unforgiven (Sin perdón, 1992) de Clint Eastwood y todavía más recientemente, Open range,de Costner en el 2003 o la estrambótica versión de Django de Tarantino, 2012, todas ellas muy dignas de la larga y  fructífera historia del cine del Oeste.

Sin embargo, la verdadera edad de oro del western son los años Cuarenta y Cincuenta, en los que encontramos verdaderas obras maestras del género. Así, Javier Coma, en su “La gran caravana del western (Alianza Editorial, 1996), nos ofrece su elección de las cine mejores películas del Oeste; pues bien, 6 son del año 1939, 24 de los años Cuarenta, 49 de los Cincuenta, 14 de los Sesenta, 2 de los Setenta y 5 de los Ochenta. Es decir, entre 1939 y 1962 aparecen 86 de las 100 películas que elige Coma como las mejores. La explicación es que a partir de los años Sesenta se producen cada vez menos westerns debido a los cambios en los gustos del espectador, quizás también por un agotamiento, por exceso, de la temática del Oeste, y la calidad de este tipo de películas es también menor. En todo caso, como en casi todos los géneros, nuevamente nos tenemos que rendir a la evidencia de que el cine de la época clásica de Hollywood nunca ha sido igualado, ni en cantidad ni en calidad. (Por cierto, en el cine western incluimos también todas las películas sobre la Caballería del Ejército norteamericano durante el siglo XIX, que fue gran protagonista de la conquista del oeste, protegiendo en sus fuertes y en las praderas a los colonos emigrantes del Este frente a los “malos indios” (“The only good injun is the dead injun”). Recordemos, con emoción, las tantas veces vista llegada salvadora del mítico 7º de Caballería en auxilio de la caravana rodeada por indios vociferantes. Y dejo a un lado aquellos “spaghetti western” de Sergio Leone y compañía, que poco tienen que ver con lo que aquí expongo.

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Como es lógico, casi todos los grandes actores de la época clásica protagonizaron algún western, aunque destacan, sobre todo, Errol Flynn que, aun siendo el gran aventurero y espadachín (vid. Robin Hood – Robin de los bosques, de Michael Curtiz, 1938) encabezó varias y buenas películas del Oeste (vid. Dodge City – Dodge, ciudad sin ley, de Michael Curtiz, 1939, o  They died with their boots onMurieron con las botas puestas, de Raoul Walsh, 1942, encarnando al famoso General Custer que murió en la masacre de Little Big Horn a manos de los indios). Destacan también Gregory Peck, al que recordaremos siempre por una de sus primeras películas, precisamente un western, Duel in the sun – Duelo al sol, de King Vidor, 1946; Henry Fonda, inolvidable en la fabulosa My darling Clementine – Pasión de los fuertes, de John Ford, 1946. James Stewart, inigualable en Winchester 73, de Anthony Mann, 1950; Spencer Tracy, genial en su, creo, único western, Broken Lance – Lanza rota, de Edward Dmytryk, 1954, Randolph Scott, protagonista de varios y sólidos westerns menores dirigidos por Bud Boeticher, pero también, ya maduro junto con otro maduro Joel McCrea, una obra espléndida, Ride the High Country – Duelo en la Alta Sierra, de Sam Peckinpah, 1962. Y muchos actores y estrellas más: Robert Taylor, William Holden, Richard Widmark, Robert Mitchum, Glenn Ford, Burt lancaster, Tyrone Power, etc.

También muchas de las famosas actrices de la época acompañaron a los héroes o villanos masculinos, a los sheriffs, a los ganaderos o colonos, a los oficiales de la Caballería, pero  destacan, sobretodo, Olivia de Havilland, compañera habitual de Errol Flynn, y Maureen O’Hara, compañera y cómplice de John Wayne y no solo en los westerns. El problema de la mujer en un western es su escaso papel protagonista frente a esos hombres a caballo, con las pistolas al cinto y rápidos en el disparo. Los primeros papeles en el western, además del héroe masculino, corresponden al paisaje- recuerdo especial para el Monument Valley, objeto de tantos primeros planos cinematográficos -, los cowboys, el ganado, los caballos, los indios, los soldados, los “buenos” y los “malos”. La chica queda siempre en segundo plano, normalmente como reposo del guerrero, sea la prostituta del Saloon o la burguesita del pueblo en cuestión. A veces, sin embargo, por su peso específico como estrella cobra un papel central (vid. Marlene Dietrich en Rancho Notorius – La encubridora, de Fritz Lang, 1952 o Marilyn Monroe en River of no return – Río sin retorno, de Otto Preminger, 1956), pero esto es excepcional.

John Wayne

Y llegamos a John Wayne. El “Duque” fue el cowboy por antonomasia, el más puro ejemplar del hombre del oeste, y ellos durante más de cuatro décadas, desde sus primeras, y muchas, películas serie B de los años Treinta hasta la última, en 1976, The shootist – El último pistolero, de Don Siegel: poco antes de su muerte, Wayne la anticipa en este doloroso testamento artístico de su personaje. pero el Duque también hizo películas, algunas magníficas, de otros géneros, pues John Wayne fue un gran actor, aunque durante mucho tiempo se le consideró sólo un buen vaquero de interpretación mediocre. (La academia no le reconoció hasta 1970, cuando le otorgó el Oscar por True grit – Valor de Ley, de Henry Hathaway. Wayne llevaba entonces cuarenta años en el cine), Y, sin embargo, si vemos su extensa filmografía, que incluye comedias, aventuras, bélicas, policíacas y exóticas, aparte de sus innumerables westerns, también encontramos magnificas interpretaciones  del vaquero dentro de, casi siempre, buenas películas. En esa consideración, o mejor dicho, falta de consideración, hacia la capacidad interpretativa del Duque, durante muchos años pesó, en la crítica llamada “progresista”, la fuerte y tenaz ideología conservadora del actor, con su concepto de “Dios, Patria, Ley y Orden” que exhibía sin contemplaciones y que muchos no la perdonaron. (Igual ocurrió con Ronald Reagan, éste sí mediocre actor, que en los Ochenta se convirtió en uno de los mejores Presidentes de Estados Unidos). Su ideología conservadora llevó a Wayne a realizar dos películas que él mismo produjo y dirigió: El álamo, 1969, sobre la defensa e inmolación de un pequeño grupo de tejanos en la antigua prisión española en San Antonio frente al poderoso ejército mejicano del dictador General Santana, gesta que ayudó a la independencia del Estado de Texas, y Green Berets – Boinas verdes, 1968, que defendió abiertamente la intervención militar de Estados Unidos en Vietnam, en un momento en que, como es bien sabido, la opinión pública era muy contestataria a esa guerra .

John Wayne fue un gran actor, dotado de una gran naturalidad en cualquiera de sus interpretaciones (los críticos le acusaron por ello de ser siempre el mismo, acusación que, en mi opinión, también sería válida para otros “grandes” como Cary Grant o Gary Cooper, y que no por ello los descalificaron). El Duque poseía  una combinación de presencia física, equilibrio, humor y dureza que pocos actores han igualado. Para mí, no sólo fue “el Duque”, sino más: fue “el Rey” máximo de la pantalla.

Fuera de los westerns, a los que llevó su interpretación a diversas cumbres de gloria, Wayne brilló en diversos papeles en mas de treinta películas, algunas muy logradas, algunas abras maestras, y siempre dirigido por grandes directores, entre ellos, nada menos que John Ford y Howard Hawks. Así, entre tantas que intrepretó, destacó como muestra:

john_wayne_004-En el género de aventuras, The long voyage home – Hombres intrépidos, de John Ford, 1949 (Basada en tres cortas obras marítimas de Eugene O’Neill) o Hatari, de Howard Hawks, 1962, fascinante relato de la caza de animales salvajes vivos en África

– En el género de comedia, la maravillosa  The quiet man – El hombre tranquilo, de John Ford, 1952, ideal, nostálgica y amorosa visión fordiana de la Irlanda recién ganada su independencia.

-En el género bélico, They were expendable – No eran imprescindibles, de John Ford, 1945, espléndido y equilibrado relato de las lanchas patrulleras y sus hombres durante la 2ª Guerra Mundial.

Pero si en la historia del cine podemos relacionar a un actor con un género ese es el western y John Wayne. (En otros géneros, yo vincularía a Cary Grant y la comedia, Errol Flynn y la aventura, James Cagney y el cine negro, Gene Kelly y el musical, Bette Davis y el melodrama). EL Duque es el western por antonomasia. Incluso en películas menores destaca por su enorme personalidad; incluso con directores menores su actuación nos permite disfrutar de las peleas con los malos. Durante los años Treinta, tras algunos pequeños papeles en películas diversas, el Duque hizo decenas de westerns serie B, producidas para la doble sesión de las matineés de los sábados, en cualquier pueblo de EEUU, que abrían el telón para la película principal; en todas ellas, Wayne interpretaba el mismo papel: el cowboy “bueno” que desbarata los planes de los malos y se lleva la chica al final (cuando hay chica, que no siempre). Pero en 1939 llegó un genio del western, Ford (“Me llamo John Ford, hago westerns” dijo en cierta ocasión). Y llegó Stagecoach – La diligencia.

Stagecoach abrió a John Wayne las puertas de la gloria cinematográfica. (Inolvidable será siempre la aparición del personaje de Wayne – el presunto forajido Ringo Kid -, parando la diligencia, erguido en el camino, con un rifle en la mano y la pistola al cinto). Ford, que le dirigiría en once películas, convirtiéndole en su actor fetiche – y no sólo en el western, como acabamos de ver -, hizo con el algunas obras memorables del género. Además, otro director genial, Howard Hawks, que dominaba todos los géneros, también “utilizó” al Duque en otros westerns inolvidables.

La carrera de Wayne en el western dura, como hemos visto, hasta los últimos años de su vida donde, además de True Grit, filmó Chisum, de Andrew McLaglen, 1970, The cowboys  – John Wayne y los cowboys, de Mark Rydell, 1972 (donde vemos, con lágrimas en los ojos, como el Duque es asesinado por la espalda por el malvado Bruce Dern, única manera de matar a nuestro amado héroe); Rooster Cogburn – El rifle y la Biblia, de Stuart Millar, 1075 y, finalmente, The Shootist, que ya hemos mencionado como el testamento artístico de Wayne. (También aquí muere asesinado por la espalda, tras un duelo en el saloon con los tres contrincantes que ha elegido para morir y no hacerlo, de forma humillante, en la cama por un cáncer irreversible).

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Sin embargo, el dominio del Duque en el western fue clamoroso en la época clásica, años Cuarenta y Cincuenta, desde Stagecoach en 1939 hasta The man who shot Liberty Valance – El hombre que mató a Liberty Valance, de Joh Ford, 1962. Ambas son verdaderas joyas del cine, donde John Wayne brilla como una estrella.

Jamás le olvidaremos. Como tampoco lo haremos con su interpretación en la famosa trilogía fordiana sobre la Caballería (Fort Apache, 1948, She wore a yellow ribbon – La legión invencible, 1948 y Río Grande, 1950) o al personaje de la también fordiana The Searchers – Centauros del desierto, 1956, en el que vemos a un Wayne  extrañamente amargado y dominado por un odio implacable hacia los indios, tan poco parecido a sus personajes habituales; ni podremos jamás olvidar al Wayne de esas obras maestras de Hawks, Red river – Río rojo, 1948 y Río Bravo, 1959, especialmente en la primera, donde contemplamos el progresivo endurecimiento del carácter de un colonizador-ganadero a lo largo de los años.

JOHN WAYNEohn Wayne, el Duque, para mí “el Rey”, como cowboy, joven o viejo, como oficial de Caballería, joven o a punto de jubilarse, y también como aventurero, sargento u oficial de la Marina o como boxeador retirado que regresa a su Irlanda natal buscando la paz de espíritu, permanecerá para siempre en nuestra retina y en nuestros corazones como la encarnación de esos valores que él siempre quiso encarnar – Dios, Patria, Ley y Orden- y como un gran actor, mucho más que una simple estrella, por mal que les pese a tantos críticos de entonces y ahora.

P.D. Contemplad el ridículo de los disfribuidores españoles del cine extranjero cuando titulan en español esas cintas. Ejemplos: My darling Clementine – ¡Pasión de los fuertes!, She wore a yellow ribbon – ¡La región invencible!, The searchers – ¡Centauros del desierto! Pero eso es otra historia, como diría Kipling.

E.P.A

LAS MEJORES AVENTURAS

No hay género más útil a la finalidad del cine, que al fin y al cabo es evadir de la realidad al espectador durante unas horas, que el género de aventuras.

Es a su vez, el más amplio de todos, ya que cuenta con múltiples ramificaciones y subgéneros, como veremos ahora.

Y aunque resulta sumamente difícil, intentaré abarcar todo el género para seleccionar sus piezas claves, y que son a la postre, obras maestras del séptimo arte.

Inevitable mención a las pioneras, en los Cincuenta ya empezaban a hacerse fabulosas aventuras (Moby Dick, El mundo en sus manos, Mogambo…) que marcarían el camino a sus herederos en los Sesenta, donde los David Lean, William Wyler y el propio Stanley Kubrik dieron el salto definitivo en el género, haciendo obras para la historia, influenciados claramente por el cine bélico y el western: Lawrence de Arabia, Ben-Hur y Espartaco.

el_senor_de_los_anillos_el_retorno_del_rey_fronYa en el cine moderno, comencemos por la aventura fantástica, donde quiero destacar dos sagas cinematográficas por encima del resto: El Señor de los Anillos y Harry Potter.

La primera destaca por motivos evidentes; su calidad y factura técnica hacen de esta trilogía grandiosa.

La segunda cabe mencionarla más que por su calidad (que la tiene), por su tremendo éxito y la influencia y repercusión que ha tenido sobre los jóvenes lectores y espectadores. Empezando con escasísimos recursos, ha acabado siendo uno de los grandes fenómenos de Hollywood de este siglo.

Las aventuras pueden ser más épicas y bélicas, como en el caso de Troya, Braveheart, Gladiator o Alejandro Magno. También las hay ambientadas en la ciencia ficción como en las sagas Star Wars, Matrix, Star Trek, las fantásticas Blade Runner, Avatar y Origen y las tantas adaptaciones de superhéroes con claras intenciones de aventuras.

Y no resulta extraño que una aventura tenga tintes de terror. A la posteridad han quedado dos obras maestras como son Tiburón y Jurassik Park, ambas del más experto en el género, Steven Spielberg.

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Podría hablar horas de Tiburón, pero basta recordar lo que cualquiera de nosotros sintió la primera vez que se metió en el agua después de ver la película.Y por producir ese efecto, el cine es algo grandioso.

Aunque la verdadera aventura es aquella que nos permite vivir las situaciones inverosímiles de un héroe.

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La adaptación de El Zorro de nuestro Banderas con la guapísima Zeta Jones

Es maravillosa la ingente cantidad de películas que nos regalan de este tipo. Son infinitas, y una vez más nos dejamos en el tintero centenares, pero por terminar de destacar algunas nuevas y viejas:  Prince of Persia, El Zorro,  Regreso al futuro, Las aventuras de Tintín ah, y Robin Hood  (uno de los ejemplos más auténticos).

Pero vamos a poner en el podio a dos sagas importantes de un éxito totalmente merecido.

INDIANA JONES

Esta es la saga que reinventó el cine de aventuras, otra vez a cargo, como no, de Steven Spielberg.

A esas situaciones increíbles del protagonista que antes comentaba, se suman la imaginación, el divertimento, una gran banda sonora de John Williams, el ritmo y el ingenio.

Indiana Jones es cine entendido como entretenimiento y de hecho puede ser la saga más entretenida de la historia del cine.

Destacar Indiana Jones y la Última Cruzada, quizá la mejor de las cuatro películas del héroe encarnado magistralmente por Harrison Ford.

Esta saga de Spielberg inspiró e influenció irremediablemente el cine de aventuras que se ha realizado hasta hoy.

Entre otras inspiró por ejemplo a la siguiente saga de la que hablaremos.

PIRATAS DEL CARIBE

Tal vez estas películas se sostienen casi únicamente sobre el carácter y la personalidad de Jack Sparrow, pero es que eso es suficiente.

Jack Sparrow es uno de los mejores personajes de la historia del cine, Johnny Depp merece un reconocimiento que aún no se le ha otorgado.

Piratas del Caribe encuentra su éxito en utilizar descaradamente los ingredientes de Indiana Jones, y ya que si los ingredientes son buenos, el resultado  es bueno, Piratas del Caribe es una gran película.

Destacar la banda sonora de Hans Zimmer, que dota al filme de un aire especial.

La finalidad del cine es entretener, y el cine de aventuras es el que más acerca al espectador a lograr ese objetivo.

Golpes, caídas, inocencia y sonrisas: LA SCREWBALL COMEDY

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Oliver Hardy y Stan Laurel y sus geniales Gordo y Flaco

De los grandes géneros que el cine de Hollywood ha cultivado a lo largo de su larga historia – como el western, el musical o el negro – y que ninguna otra cinematografía ha logrado igualar aunque algunas lo han intentado (la francesa en el negro o el italiano Sergio Leone en el western), yo destacaría uno en el que sólo ha brillado Hollywood, si bien duró muy poco tiempo: la comedia denominada “screwball”. En inglés, screwball se refiere a una persona extraña, rara o loca por lo que, en español, la screwball comedy podría equivaler a comedia enloquecida. El magnífico crítico Miguel Marías ve la comedia screwball como la fusión de la alta comedia y la “slapstick” comedy, características del director Leo McCarey, uno de los descubridores de aquella. (Nuevamente acudimos al diccionario: el Oxford define “slapstick” como “el tipo de humor basado en acciones simples, por ejemplo, gente que se golpea, que se cae, etc.” ). Slapstick fueron, en el cine mudo, los cortos o largos metrajes de Mack Sennet, Laurel y Hardy, Charlot y tantos otros. Y slapstick fueron siempre en el teatro y en el cine los grandiosos Hermanos Marx, esos geniales anarquistas de la palabra y la acción.

Aunque la screwball comedy se prolongó esporádicamente en el tiempo (vid., por ejemplo, Monkey Bussiness  (Me siento rejuvenecer,1952), de Howard Hanks, o Some like it hot (Con faldas y a lo loco, 1959), de Billy Wilder, que la mayoría de los críticos consideran la mejor screwball de todos los tiempo), realmente la comedia enloquecida es característica de los años Treinta, coincidiendo su inicio con la Gran Depresión (1929) y la necesidad de escapismo de la empobrecida y pesimista sociedad norteamericana y su final con la 2ª Guerra Mundial, la superación  de la Depresión y la naciente preocupación por otro problemas más graves: la guerra y la posguerra.

Los personajes de la screwball son atípicos en su rareza, su patosería (slapstick), su ingenuidad, su excentricidad (así considerada por el resto de la sociedad, la “normal”) y pertenecen (alta comedia) a las clases adineradas, siguiendo el guión característico de la época en las comedias “normales”: bellas y ricas mujeres, bellamente vestidas y enjoyadas, y bellos galanes vestidos constantemente de frac, lujosas viviendas y automóviles, etc.)

Fueron muchos los directores que nos regalaron – y lo siguen haciendo hoy revisitando sus películas –momentos inolvidables con su screwball comedies, algunas de ellas verdaderas obras maestras. Entre muchos, Ernst Lubitsch, Howard Hawks, George Cukor, Frank Capra, Sam Wood, Leo McCarey, Mitchel Leisen, Gregory La Cava, Preston Sturges. En cuanto a los actores y actrices encontramos algunos grandes especialistas que brillaban por encima de todos: actores como William Powell, Don Amecho, Gary Cooper, Henry Fonda, Gary Grant, los Hermanos Marx, sin olvidar, muchos años más tarde, la genial interpretación de Jack Lemmon y Toni Curtis en “Con faldas y a lo loco”, esta tardía screwball comedy debida al genia de Wilder. Y actrices como Carole Lombard – quizás la reina del screwball -, Claudette Colbert, Barbara Stanwyck, Katherine Hepburn, Jean Arthur, Rosalind Russel, Irene Dunne, sin olvidar lógicamente a mi querida Marilyn, en la película de Billy Wilder.

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Con faldas y a lo loco, 1959

En cuanto a las películas screwball que recomiendo, como una simple muestra de la enorme riqueza producida en el período, son las siguientes:

Holiday (Vivir para gozar, 1938) – George Cukor

Yon can’t take it with you (Vive como quieras, 1938) – Frank Capra

Bringing up Baby (La fiera de mi niña, 1938) – Howard Hawks

The Lady Eve (Las tres noches de Eva, 1941) – Preston Sturges

To be or not to be (Ser o no ser, 1942) – Ernst Lubitsch

Sin embargo, mi gran favorita siempre será, por siempre jamás, A night at the Opera (Una noche en la ópera, 1935) de Sam Wood, donde encontraréis a los Hermanos Marx más screwball y slapstick que nunca. La locura domina todo el metraje. Pero es otra historia, como diría Kipling.

E.P.Abizanda

Inolvidables Grouxo, Chico y Harpo Marx

Inolvidables Grouxo, Chico y Harpo Marx