“The Talkies”

“The talkies” fue el neologismo con que se bautizó al cine sonoro y hablado, frente al otro neologismo correspondiente al cine mudo, “the movies”, que reflejaba la imagen en movimiento. Pero así como este último pervive en el idioma inglés diario, aunque algo obsoleto, e incluye, así, el cine sonoro, aquel desapareció del lenguaje habitual tras su uso en esa primera época (finales de los Veinte, principios de los Treinta).

En los años Veinte, el cine mudo dominaba el mundo del espectáculo en los Estados Unidos. Pero ocurrió que por esos años la radio se desarrolló y popularizó de tal manera que, al “meter” en los hogares americanos todo tipo de sensaciones sonoras – música, noticias, entretenimiento hablado, es decir, sobretodo , al “meter” la voz humana en el salón de las casas – se convirtió en un gran desafío para el cine mudo que, o cambiaba o podía incluso desaparecer como gran medio de entretenimiento que obliga al espectador a salir de casa. (Años más tarde, el desafío sería la televisión). Después de casi treinta años funcionando bien, el cine se planteaba el reto de añadir a la imagen el sonido y la voz humana o bien desaparecer. (Una aclaración: el cine mudo no se escribía en las salas en silencio absoluto, ya que los exhibidores no sólo utilizaban equipos y personal para reproducir sonidos referentes a la acción en la pantalla, sino que, especialmente en las películas de largo metraje, lo acompañaban de música, a veces compuesta para la ocasión, e interpretada por músicos en la propia sala).

DonJuanPoster2

Primera película con sonido incorporado y sincronizado

El sonido que se utilizaba debía ser grabado y reproducido mecánicamente, pero el problema principal era la sincronización entre sonido e imagen. La creciente necesidad de incorporar el sonido a la imagen, de pasar de las “movies” a las “talkies”, encontraba fuerte resistencia entre los magnates por las grandes inversiones que debían hacer, primero en I+D y, luego, en equipamiento de los Estudios y en las salas de cine; además, la llegada del sonido significaría otras pérdidas en equipos y personal. Por ellos, para sacar al espectador de su casa y de la radio, en las salas de cine se ofrecían otros espectáculos en los intermedios y también sorteos y regalos. Frente a las reticencias de los magnates, fue la Warner quien apostó por el riesgo y la aventura de introducir sonido en sus películas, haciendo caso a la Western Electric que llevaba años intentando interesar a los grandes Estudios en su sistema de sincronización de sonido. (Los hermanos Warner, para mediados de los años Veinte, habían creado un auténtico imperio cinematográfico, con grandes inversiones en el Estudio, salas de cine, financiación de Wall St. Y un novedoso marketing de sus películas). Ya en 1925 produjo la primera película con sonido totalmente sincronizado, Don Juan, de Alan Crossland, con John Barrymore y Mary Astor, aunque por le momento lo que interesaba a la Warner era la música de acompañamiento más que un film hablado. Pero Don Juan tuvo un enorme éxito y todos empezaron a pensar en serio en dar el salto al sonoro.

Tras algunas películas habladas y cantadas, que pasaron sin pena ni gloria, en 1927 llegó Jazz Singer – El cantor del jazz, de Alan Crossland, con Al Johnson y su cara pintada de negro para parecer un minstrel, película que fascinó al público y lanzó a todos los Estudios a hacer “talkies”. En 1929, todos ellos habían abandonado prácticamente el cine mudo. El sonido había llegado para quedarse, pues la taquilla se recuperó y, a pesar de la Gran Depresión que se inicia entonces, el cine se enfrentó y, por ahora, venció a la radio. Gracias, pues, a la Warner Bros. El problema, ahora, es qúe iba a ocurrir con los protagonistas del drama que se veía venir, los actores del cine mudo.

En 1927, las estrellas del cine mudo . Mimadas y multimillonarias, pues los Estudios habían consolidados el cine mudo y ellas eran la base del mismo – estaban lejos de prever lo que se les venía encima, ya que se argumentaba: ¿quién iba a apostar por el cine sonoro y sus enormes inversiones? ¿Quién iba a apostar por que las estrellas “hablasen”? ¿ Qué beneficios podían esperarse de una tal revolución en una industria boyante y en pleno auge? Las estrellas eran todopoderosas. Recordemos los grande nombres: Gloria Swanson, Lilian Gish, Adolphe Menjou, Dolores del Río, Norma Talmadye, los de la United Artists – Charles Chaplin, Mary Pickford, Douglas Fairbanks Jon Barrymore, y tantos otros gigantes de la pantalla silenciosa, donde reinaba la imagen, el mimo de los artistas, la fotografía y los directores. Pero, de repente, influidos por la radio, los espectadores empezaron a desear oir la voz de sus estrellas, que éstas hablasen e incluso cantasen. De repente, también, todos los Estudios decidieron apuntarse a la revolución, con el consiguiente pánico de las estrellas y actores menores, que también se veían afectados. ¿Cómo serían sus voces?¿Qué sería de ellos si no superaban la prueba?

Y encima, los Estudios, preocupados, miraron hacia Broadway, con el convencimiento de que sólo los actores del escenario teatral estaban ya entrenados para actuar con sus voces, no solo representando a Shakespeare, Ibsen o cualquier dramaturgo menor, sino, simplemente para realizar un diálogo “normal”. Se produjo, pues, en Hollywood una invasión de actores procedentes de los teatros del Este, no solo del Broadway neoyorquino, y una inmigración de actores desde Inglaterra, en detrimento de los actores del cine mudo que empezaron a ser considerados como mudos de verdad. Éstos buscaron profesores foniatras , especialmente de origen británico, para mejorar su dicción. Algunos lo consiguieron pero otros, con voces no adecuadas, vieron truncadas sus carreras. La película Singing in the Rain – Cantando bajo la lluvia, de Stanley Donen y Gene Kelly, 1952, nos muestra con maestría y gran sentido del humor, casi caricaturesco, lo que fue el paso del cine mudo al hablado, del “silent movie” al “talkie”, el fracaso de una actriz por culpa de su voz, desagradable por aguda, chillona y vulgar (magistral interpretación de Jean Hagen en ese papel) y , también, las dificultades que, al principio, tuvieron los técnicos de sonido para reproducir los diálogos de los actores. (Efectivamente, en el set había que poner micrófonos en distintos lugares para que recogieran las voces de los actores y las cámaras tenían que estar aisladas y encapsuladas para evitar que se propagase su propio sonido a la película. Hubo problemas de todo tipo hasta que aparecieron las cámaras silenciosas y se inventó el micrófono colgado de una percha por encima de las cabezas de los actores y fuera de cámara).

the-artist_39En la reciente y entrañable The Artist, nos contaba el director francés precisamente esta historia, volviendo al blanco y negro y la interpretación muda para explicarnos con sutileza ese salto al cine sonoro que a tantos perjudicó y tan necesario fue.

Víctimas del sonido entre las estrellas fueron, en primer lugar, los actores de origen extranjero como el gran Emil Jannings, Dolores del Río, Lupe Vélez y Pola Negri, pero también los nacionales, Norma Talmadge, Lilian Gish, John Gilbert (Si bien fue Louis B. Mayer el que se cargó, por odio personal, el futuro de este gran actor, con voz aceptable, a quién todavía le veríamos encarnando al embajador español que enamora a la reina de Suecia en Queen Cristina – La reina Cristina de Suecia, de Ruben Mamoulian, 1933, con Greta Garbo), Gloria Swanson (con su canto del cisne y retorno glorioso, en Sunset Boulevard – El crepúsculo de los dioses, de Billy Wilder, 1950, con William Holden) y el mismísimo John Barrymore, que fue desapareciendo poco a poco (aunque llegó a interpretar una obra maestra, 20th Century – La comedia de la vida, de Howard Hawks, 1934, con Carole Lombard).

Laurel-and-Hardy-laurel-and-hardy-30795734-338-450Frente a las víctimas del sonoro, los grande beneficiados por el uso de sus voces fueron, entre otros, los grande comediantes Stan Laurel y Oliver Hardy (los famosos, en España, El Gordo y el Flaco) y los Hermanos Marx (que, como sabemos, pudieron añadir a su anarquía de comportamiento y acciones, la anarquía de su lenguaje, sobretodo Groucho). Y también se beneficiaron los que tenían una voz acariciadora, como Greta Garbo, o profunda, como Ronald Colman. El cine sonoro atrajo también a muchos cantantes que, con independencia de sus dotes interpretativas, proporcionaban al público el placer de escuchar canciones, pues el espectador que fue seducido por el sonido quería oir no solo la voz hablada sino también cantada. Eso fue tan obligado para los actores que incluso los grandes bailarines, Gene Kelly y Fred Astaire, cantaran en todas sus películas a pesar de que sus voces no eran muy gratas; y algunas estrellas de la interpretación, voz o no voz adecuada, tuvieron que cantar en alguna ocasión, como el gran James Stewart (vid. Born to dance – Nacida para la danza, de Roy del Ruth, 1936, con la maravillosa tap-dancer Eleanor Powell – Stewart canta, con poca voz, la deliciosa melodía de Cole Porter, Easy to Love).

En todo caso, el cine sonoro nos descubrió a decenas de nuevos actores y actrices que se adaptaron a las nuevas maneras de hacer cine – moverse y hablar – alcanzando muchas de ellas el estrellato. Y sin desmerecer el cine mudo, que también produjo muchas obras maestras, el cine, cuando llegaron “the talkies”, se consolidó definitivamente como la Séptima de las Artes, como el arte del sXX por antonomasia.

Eduardo Peña Abizanda

Análisis “preOscar”

El próximo 12 de Enero se celebra ,como cada año, la prestigiosa entrega de los premios de la academia de Hoolywood. A continuación aprovechamos para hacer un repaso de las películas nominadas y algunas predicciones.

12-años-de-esclavitud-chiwetel-ejiofor-michael-fassbender12 años de esclavitud. La brillante y conmovedora película de Steve Mcqueen (director de la genial Shame), fue desde su estreno la favorita a ser la película del año, y aunque no ha arrasado en los premios previos, si que ha ganado el globo de oro y el bafta a mejor película más recientemente y por lo tanto, pese a que nos figuramos que habrá reparto de premios como en las últimas ediciones, al menos si se llevaría el de mejor película y quizá el de mejor guion adaptado.

La Gran Estafa Americana. La pelicula de David O Russel ha gustado mucho, no solo por su entretenimiento sino por las magníficas actuaciones y su gran elenco de actores. Pese a todo no tiene la relevancia en mi opinión, aunque es la rival de 12 años en las apuestas, para arrebatarle el oscar a esta, quedándose eso sí con algunos premios de los actorales, Jennifer Lawrence vuelve a tener muchas probabilidades y Bradley Cooper y Amy Adams podrían dar la sorpresa.

american-hustle-publicity-photo

El Lobo de Wall Street. Scorsese repite con muchas nominaciones, eso sí veremos si se atreven a darle algún Oscar, porque pese a ser la película más salvaje y divertida del año, que luche por algún premio que no sea mejor actor, (Di Caprio es el único que puede discutir el Oscar Matthew McConaughey por su brillante y atrevido papel en Dallas Buyers Club) o mejor guión adaptado.wows-03

Dallar Buyers Club, parte con ventaja para los premios de actores masculinos, con Jared Leto y con el ya mencionado Matthew McConaughey, después de ganar ambos globos de oro.

Blue Jasmine la última película de Allen podría hacer ganar a Cate Blanchett por su gran interpretación.

Echamos de menos encontrar a Tom Hanks en la lista de mejor actor por su gran papel del capitán Phillips y a la nueva película de los Cohen (inside Llewin Davis) en más de una categoría.

Previsiblemente Gravity se llevará varios premios técnicos, mientras que mis dudas por quién será el mejor director, persisten…

Pase lo que pase informaremos por twitter en directo el mencionado día.

José Mtnez Reixa

JOHN WAYNE y el western

western20glory

Es bien sabido que el western es uno de los tres géneros cinematográficos característicos, y casi monopolísticos, de Hollywood, siendo los otros la comedia, incluida el screwball, y el cine “negro”, géneros que se remontan a los principios del cine y que aún perduran. Así, en el caso del western, en los últimos años hemos disfrutado de cintas como Dances with wolves (Bailando con lobos, 1990 ) de Kevin Costner, Unforgiven (Sin perdón, 1992) de Clint Eastwood y todavía más recientemente, Open range,de Costner en el 2003 o la estrambótica versión de Django de Tarantino, 2012, todas ellas muy dignas de la larga y  fructífera historia del cine del Oeste.

Sin embargo, la verdadera edad de oro del western son los años Cuarenta y Cincuenta, en los que encontramos verdaderas obras maestras del género. Así, Javier Coma, en su “La gran caravana del western (Alianza Editorial, 1996), nos ofrece su elección de las cine mejores películas del Oeste; pues bien, 6 son del año 1939, 24 de los años Cuarenta, 49 de los Cincuenta, 14 de los Sesenta, 2 de los Setenta y 5 de los Ochenta. Es decir, entre 1939 y 1962 aparecen 86 de las 100 películas que elige Coma como las mejores. La explicación es que a partir de los años Sesenta se producen cada vez menos westerns debido a los cambios en los gustos del espectador, quizás también por un agotamiento, por exceso, de la temática del Oeste, y la calidad de este tipo de películas es también menor. En todo caso, como en casi todos los géneros, nuevamente nos tenemos que rendir a la evidencia de que el cine de la época clásica de Hollywood nunca ha sido igualado, ni en cantidad ni en calidad. (Por cierto, en el cine western incluimos también todas las películas sobre la Caballería del Ejército norteamericano durante el siglo XIX, que fue gran protagonista de la conquista del oeste, protegiendo en sus fuertes y en las praderas a los colonos emigrantes del Este frente a los “malos indios” (“The only good injun is the dead injun”). Recordemos, con emoción, las tantas veces vista llegada salvadora del mítico 7º de Caballería en auxilio de la caravana rodeada por indios vociferantes. Y dejo a un lado aquellos “spaghetti western” de Sergio Leone y compañía, que poco tienen que ver con lo que aquí expongo.

THEY DIED WITH THEIR BOOTS

Como es lógico, casi todos los grandes actores de la época clásica protagonizaron algún western, aunque destacan, sobre todo, Errol Flynn que, aun siendo el gran aventurero y espadachín (vid. Robin Hood – Robin de los bosques, de Michael Curtiz, 1938) encabezó varias y buenas películas del Oeste (vid. Dodge City – Dodge, ciudad sin ley, de Michael Curtiz, 1939, o  They died with their boots onMurieron con las botas puestas, de Raoul Walsh, 1942, encarnando al famoso General Custer que murió en la masacre de Little Big Horn a manos de los indios). Destacan también Gregory Peck, al que recordaremos siempre por una de sus primeras películas, precisamente un western, Duel in the sun – Duelo al sol, de King Vidor, 1946; Henry Fonda, inolvidable en la fabulosa My darling Clementine – Pasión de los fuertes, de John Ford, 1946. James Stewart, inigualable en Winchester 73, de Anthony Mann, 1950; Spencer Tracy, genial en su, creo, único western, Broken Lance – Lanza rota, de Edward Dmytryk, 1954, Randolph Scott, protagonista de varios y sólidos westerns menores dirigidos por Bud Boeticher, pero también, ya maduro junto con otro maduro Joel McCrea, una obra espléndida, Ride the High Country – Duelo en la Alta Sierra, de Sam Peckinpah, 1962. Y muchos actores y estrellas más: Robert Taylor, William Holden, Richard Widmark, Robert Mitchum, Glenn Ford, Burt lancaster, Tyrone Power, etc.

También muchas de las famosas actrices de la época acompañaron a los héroes o villanos masculinos, a los sheriffs, a los ganaderos o colonos, a los oficiales de la Caballería, pero  destacan, sobretodo, Olivia de Havilland, compañera habitual de Errol Flynn, y Maureen O’Hara, compañera y cómplice de John Wayne y no solo en los westerns. El problema de la mujer en un western es su escaso papel protagonista frente a esos hombres a caballo, con las pistolas al cinto y rápidos en el disparo. Los primeros papeles en el western, además del héroe masculino, corresponden al paisaje- recuerdo especial para el Monument Valley, objeto de tantos primeros planos cinematográficos -, los cowboys, el ganado, los caballos, los indios, los soldados, los “buenos” y los “malos”. La chica queda siempre en segundo plano, normalmente como reposo del guerrero, sea la prostituta del Saloon o la burguesita del pueblo en cuestión. A veces, sin embargo, por su peso específico como estrella cobra un papel central (vid. Marlene Dietrich en Rancho Notorius – La encubridora, de Fritz Lang, 1952 o Marilyn Monroe en River of no return – Río sin retorno, de Otto Preminger, 1956), pero esto es excepcional.

John Wayne

Y llegamos a John Wayne. El “Duque” fue el cowboy por antonomasia, el más puro ejemplar del hombre del oeste, y ellos durante más de cuatro décadas, desde sus primeras, y muchas, películas serie B de los años Treinta hasta la última, en 1976, The shootist – El último pistolero, de Don Siegel: poco antes de su muerte, Wayne la anticipa en este doloroso testamento artístico de su personaje. pero el Duque también hizo películas, algunas magníficas, de otros géneros, pues John Wayne fue un gran actor, aunque durante mucho tiempo se le consideró sólo un buen vaquero de interpretación mediocre. (La academia no le reconoció hasta 1970, cuando le otorgó el Oscar por True grit – Valor de Ley, de Henry Hathaway. Wayne llevaba entonces cuarenta años en el cine), Y, sin embargo, si vemos su extensa filmografía, que incluye comedias, aventuras, bélicas, policíacas y exóticas, aparte de sus innumerables westerns, también encontramos magnificas interpretaciones  del vaquero dentro de, casi siempre, buenas películas. En esa consideración, o mejor dicho, falta de consideración, hacia la capacidad interpretativa del Duque, durante muchos años pesó, en la crítica llamada “progresista”, la fuerte y tenaz ideología conservadora del actor, con su concepto de “Dios, Patria, Ley y Orden” que exhibía sin contemplaciones y que muchos no la perdonaron. (Igual ocurrió con Ronald Reagan, éste sí mediocre actor, que en los Ochenta se convirtió en uno de los mejores Presidentes de Estados Unidos). Su ideología conservadora llevó a Wayne a realizar dos películas que él mismo produjo y dirigió: El álamo, 1969, sobre la defensa e inmolación de un pequeño grupo de tejanos en la antigua prisión española en San Antonio frente al poderoso ejército mejicano del dictador General Santana, gesta que ayudó a la independencia del Estado de Texas, y Green Berets – Boinas verdes, 1968, que defendió abiertamente la intervención militar de Estados Unidos en Vietnam, en un momento en que, como es bien sabido, la opinión pública era muy contestataria a esa guerra .

John Wayne fue un gran actor, dotado de una gran naturalidad en cualquiera de sus interpretaciones (los críticos le acusaron por ello de ser siempre el mismo, acusación que, en mi opinión, también sería válida para otros “grandes” como Cary Grant o Gary Cooper, y que no por ello los descalificaron). El Duque poseía  una combinación de presencia física, equilibrio, humor y dureza que pocos actores han igualado. Para mí, no sólo fue “el Duque”, sino más: fue “el Rey” máximo de la pantalla.

Fuera de los westerns, a los que llevó su interpretación a diversas cumbres de gloria, Wayne brilló en diversos papeles en mas de treinta películas, algunas muy logradas, algunas abras maestras, y siempre dirigido por grandes directores, entre ellos, nada menos que John Ford y Howard Hawks. Así, entre tantas que intrepretó, destacó como muestra:

john_wayne_004-En el género de aventuras, The long voyage home – Hombres intrépidos, de John Ford, 1949 (Basada en tres cortas obras marítimas de Eugene O’Neill) o Hatari, de Howard Hawks, 1962, fascinante relato de la caza de animales salvajes vivos en África

– En el género de comedia, la maravillosa  The quiet man – El hombre tranquilo, de John Ford, 1952, ideal, nostálgica y amorosa visión fordiana de la Irlanda recién ganada su independencia.

-En el género bélico, They were expendable – No eran imprescindibles, de John Ford, 1945, espléndido y equilibrado relato de las lanchas patrulleras y sus hombres durante la 2ª Guerra Mundial.

Pero si en la historia del cine podemos relacionar a un actor con un género ese es el western y John Wayne. (En otros géneros, yo vincularía a Cary Grant y la comedia, Errol Flynn y la aventura, James Cagney y el cine negro, Gene Kelly y el musical, Bette Davis y el melodrama). EL Duque es el western por antonomasia. Incluso en películas menores destaca por su enorme personalidad; incluso con directores menores su actuación nos permite disfrutar de las peleas con los malos. Durante los años Treinta, tras algunos pequeños papeles en películas diversas, el Duque hizo decenas de westerns serie B, producidas para la doble sesión de las matineés de los sábados, en cualquier pueblo de EEUU, que abrían el telón para la película principal; en todas ellas, Wayne interpretaba el mismo papel: el cowboy “bueno” que desbarata los planes de los malos y se lleva la chica al final (cuando hay chica, que no siempre). Pero en 1939 llegó un genio del western, Ford (“Me llamo John Ford, hago westerns” dijo en cierta ocasión). Y llegó Stagecoach – La diligencia.

Stagecoach abrió a John Wayne las puertas de la gloria cinematográfica. (Inolvidable será siempre la aparición del personaje de Wayne – el presunto forajido Ringo Kid -, parando la diligencia, erguido en el camino, con un rifle en la mano y la pistola al cinto). Ford, que le dirigiría en once películas, convirtiéndole en su actor fetiche – y no sólo en el western, como acabamos de ver -, hizo con el algunas obras memorables del género. Además, otro director genial, Howard Hawks, que dominaba todos los géneros, también “utilizó” al Duque en otros westerns inolvidables.

La carrera de Wayne en el western dura, como hemos visto, hasta los últimos años de su vida donde, además de True Grit, filmó Chisum, de Andrew McLaglen, 1970, The cowboys  – John Wayne y los cowboys, de Mark Rydell, 1972 (donde vemos, con lágrimas en los ojos, como el Duque es asesinado por la espalda por el malvado Bruce Dern, única manera de matar a nuestro amado héroe); Rooster Cogburn – El rifle y la Biblia, de Stuart Millar, 1075 y, finalmente, The Shootist, que ya hemos mencionado como el testamento artístico de Wayne. (También aquí muere asesinado por la espalda, tras un duelo en el saloon con los tres contrincantes que ha elegido para morir y no hacerlo, de forma humillante, en la cama por un cáncer irreversible).

John20Wayne20Wallpaper__yvt2

Sin embargo, el dominio del Duque en el western fue clamoroso en la época clásica, años Cuarenta y Cincuenta, desde Stagecoach en 1939 hasta The man who shot Liberty Valance – El hombre que mató a Liberty Valance, de Joh Ford, 1962. Ambas son verdaderas joyas del cine, donde John Wayne brilla como una estrella.

Jamás le olvidaremos. Como tampoco lo haremos con su interpretación en la famosa trilogía fordiana sobre la Caballería (Fort Apache, 1948, She wore a yellow ribbon – La legión invencible, 1948 y Río Grande, 1950) o al personaje de la también fordiana The Searchers – Centauros del desierto, 1956, en el que vemos a un Wayne  extrañamente amargado y dominado por un odio implacable hacia los indios, tan poco parecido a sus personajes habituales; ni podremos jamás olvidar al Wayne de esas obras maestras de Hawks, Red river – Río rojo, 1948 y Río Bravo, 1959, especialmente en la primera, donde contemplamos el progresivo endurecimiento del carácter de un colonizador-ganadero a lo largo de los años.

JOHN WAYNEohn Wayne, el Duque, para mí “el Rey”, como cowboy, joven o viejo, como oficial de Caballería, joven o a punto de jubilarse, y también como aventurero, sargento u oficial de la Marina o como boxeador retirado que regresa a su Irlanda natal buscando la paz de espíritu, permanecerá para siempre en nuestra retina y en nuestros corazones como la encarnación de esos valores que él siempre quiso encarnar – Dios, Patria, Ley y Orden- y como un gran actor, mucho más que una simple estrella, por mal que les pese a tantos críticos de entonces y ahora.

P.D. Contemplad el ridículo de los disfribuidores españoles del cine extranjero cuando titulan en español esas cintas. Ejemplos: My darling Clementine – ¡Pasión de los fuertes!, She wore a yellow ribbon – ¡La región invencible!, The searchers – ¡Centauros del desierto! Pero eso es otra historia, como diría Kipling.

E.P.A

PAPELES RECHAZADOS : Lo que pudo ser…

Hay personajes que han quedado a la postre como irrechazables, como oportunidades únicas para los actores que , primerizos o consagrados, supusieron el ascenso de los mismos a la élite de Hollywood. Con el paso del tiempo, hemos descubierto que el panorama del cine sería distinto si ciertos actores hubieran cambiado su opinión acerca de encarnar un personaje o en su caso, de no hacerlo. Y en el caso de algún personaje, el resultado no habría sido tan bueno…

He aquí los casos más trascendentes:

Gwyneth Paltrow rechazó ser Rose en Titanic, una de las películas más alabadas de la historia.

Su lugar lo ocupó Kate Winslet, que no se lo debió pensar dos veces después de rechazar Shakespeare In Love, que supuso una estatuilla para Gwyneth curiosamente.

gwyneth_paltrow_dijo_no_a_titanic_30736747fab12380c88ca87f6

Sean Connery ha rechazado papeles de cierta importancia a lo largo de su carrera, no obstante se ha ganado el permiso de poder elegirlos.

Los más sonados fueron Gandalf y Hannibal Lecter. ¿Se lo imaginan?

El papel de Hannibal Lecter también lo rechazó Jeremy Irons.

Viggo Mortensen tal vez no hubiera tenido una carrera tan prolífera si Daniel Day Lewis hubiera aeptado ser Aragorn en El Señor de Los Anillos.

nadie_queria_ser_aragorn_a8347b82f23ec0b0a5440ed18

-Gracias a Dios que Sylvestre Stallone rechazó participar en dos obras maestras como Se7en y Único Testigo. No es lo mismo Brad Pitt y Harrison Ford que… ya saben.

-¿Se imaginan un Regreso al Futuro sin Michael J Fox? Eric Stoltz estuvó contratado pero finalmente fue sustituído.

Mel Gibson rechazó ser Maximo Meridio en Gladiator (papel que le mereció un Oscar a Russell Crowe)  así como ser Bruce Wayne en el Batman de Tim Burton. Habría sido interesante sin duda.

RUSSEL CROWE STARS IN THE DREAMWORKS FILM GLADIATOR

John Wayne y Frank Sinatra declinaron ser Harry El Sucio, papel que consolidó a Clint Eastwood como el tipo duro de Hollywood.

-En el plano femenino, Sandra Bullock y Ashley Judd rechazaron Million Dollar Baby (Oscar para Hillary Swank). De la misma manera Meg Ryan y Demi Moore pasaron de ser ¨Pretty Woman¨.

header-al-pacino-almost-played-han-solo-in-star-warAl Pacino puede ser el hombre que haya dejado de participar en más obras maestras.

Godfellas, Apocalipse Now… pudo ser Han Solo en Star Wars

Tom Selleck  perdió la oportunidad de su vida al no ser Indiana Jones por tener contrato con una serie.

-Sonados fueron los rechazos de Will Smith como Neo, prefiriendo hacer Wild Wild West, y de Jack Nicholson que no quiso ser Michael Corleone.

Ben Affleck rechazó resucitar la saga Superman.

Ahora tras el éxito de Man of Steel, es Zack Snyder el elegido por Warner para juntar a los héroes del universo DC.

Michelle Pheiffer no quiso ser Clarice Starling en El Silencio de Los Corderos.

David Schwimer (Ross en Friends) pudo tener el papel de Will Smith en Men In Black.

-Uno de los más curiosos fue el rechazo de John Travolta para ser Forrest Gump, o de Tom Cruise para ser Eduardo Manostijeras.

Para finalizar destacar una saga que ha sido una lotería de nombres; Batman:

CF3226E72170FB42FF4A8AB4D77736

No creo que puedan imaginarse a Di Caprio como Robin, pero estuvo cerca de serlo.

Heath Ledger  no quiso arriesgarse a ser el nuevo Bruce Wayne, pero tras la nuevas visión del personaje de Christopher Nolan, no dudó en ser el Joker( aunque contó con la competencia de Adrien Brody o Paul Bettany)

También Matt Damon pudo ser Harvey Dent…etc

Al final Christopher Nolan eligió bien.

José Mtnez Reixa

LOS HERMANOS MARX: La inmortalidad de su humor anarquista

hermanos marx bros

Para escribir sobre ellos hay que adoptar una postura reverencial puesto que estamos ante un mito imperecedero, frente a la inmortalidad de un humor anarquista y revolucionario que jamás ha sido igualado. Para mí, los hermanos Marx son el paradigma del screwball y, sobretodo, del slapstick en el cine. La escena del camarote del barco en “Una noche en la ópera” (diminuto camarote que se va llenando personajes y objetos, incluso unos encima de otros hasta reventar: los cuatro protagonistas y el enorme baúl en el que se han colado con polizones, un fontanero, la camarera que va a preparar la cama, una joven que va buscando a su tía y varios camareros con bandejas llenas de comida) es la quintaesencia del absurdo, alegre e ilógico slapstick que caracteriza las acciones de estos enloquecidos actores. Si a ello unimos el lenguaje por ellos utilizado (incluidos los sonidos guturales producidos por el claxon del automóvil con que se expresa Harpo, siempre mudo) que es típicamente screwball y destructivo, vemos que los célebres hermanos Marx alcanzaron la cima cinematográfica de humor sin génesis, puramente marxiano, concebido de manera original esta vez más que genial. Este lenguaje con sus continuos gags verbales, la manera atropellada en incontinente de hablar de Groucho y el fingido acento italoamericano de Chico, es difícilmente traducible, por lo que el cine doblado de los hermanos Marx pierden la mitad de su eficacia.

Los Hermanos Marx fueron originalmente cinco: Julius,(Groucho como nombre artístico), Adolf (Harpo) Leonard (Chico) Milton (Gumo) y Herbert (Zeppo). Los tres primeros eran cómicos, los dos últimos, los “serios” en los papeles de cualquier show de la familia, que se iniciaron en el Vaudeville característico de la segunda década del siglo XX, recorriendo pueblos y ciudades de los Estados Unidos sin parar. Pero ya, durante los Felices Años 20, los Hermanos, reducidos a cuatro por el abandono de Gummo, eran claramente famosos en Broadway. (Zeppo, el otro “serio” abandonaría también tras la película “Sopa de Ganso”). Era vox populi entre los que conocieron de siempre a la familia Marx que los Hermanos no tuvieron nunca que “crear” sus personajes para el teatro o el cine, puesto que “ya eran así” antes de dedicarse al espectáculo. Es decir, era una familia screwball. Familia judía y pobre, aunque, como Groucho proclamó, “como no lo sabíamos, éramos felices”.

groucho-marx

Groucho Marx, la leyenda

Groucho se caracteriza por su bigote postizo (ancho y pintado), caminar rígido y encorvado, habla sin cesar, casi siempre con doble sentido y siempre elaborando planes utópicos. Su vestimenta, bastante formal, contrasta con la de sus hermanos, Harpo y Chico, informal y algo extravagante. Chico aparenta ser serio pero no lo es; su imitación del acento típico de un inmigrante italiano es insuperable. Harpo hace de mudo, pero se expresa muy bien, a través de sus silbidos y bocinazos, especialmente cuando manifiesta alegría, sorpresa o quiere avisar a los otros de algún peligro. La utilización del claxon es simplemente genial. Por lo demás, colecciona objetos inverosímiles que guarda en sus amplísimos bolsillos. Los tres persiguen cualquier falda que se les ponga por delante, pero siempre muestran un erotismo limpio. (Aparte menciono los “amores” de Groucho por Margaret Dumont). La relación entre Chico y Harpo es amistosa, casi fraternal: cuando se encuentran, entre silbidos y abrazos, intercambian regalos que han guardado para el otro (En “Una noche en la Ópera” se intercambian salchichones!). Ambos son antagonistas de Groucho, al que siempre meten en líos. Sus personajes son siempre los mismos: Harpo representa la bondad e ingenuidad, aunque a veces se le ven algunas intenciones malvadas que hace brillar sus ojos; Chico es la pillería que en América se le supone a los italianos. Groucho es la inteligencia aplicada a diversos personajes: un veterinario, el dictador de un país imaginario, un aspirante a manager de un cantante de ópera, etc. Por lo demás, nos encontramos con la sorpresa de que Harpo es un buen artista y Chico un buen pianista. ¡Qué familia!

El bueno de Harpo

El bueno de Harpo

Groucho hace el amor, fingido o real, a Margaret Dumont en hasta siete películas. Ella, alta, robusta, matrona, no exenta de belleza, representa normalmente a una dama cargada de millones, que Groucho desea conseguir. En sus películas con los Hermanos Marx, la DUmont representa la dignidad, el equilibrio y la “normalidad” frente al enloquecimiento de aquellos. Su credibilidad ante las reiteradas declaraciones de amor de Groucho es entrañable; nunca pierde la fe en este embaucador. En el paraíso cinematográfico de los Hermanos, Margaret Dumont ocupa un sitio privilegiado.

Dos grandes éxitos en Broadway dieron lugar a las primeras películas de los Hermanos Marx en Hollywwod: The Coconuts (Los cuatro cocos, 1929) y Animal Crackens (El conflicto de los Marx, 1930). Después llegaron: Monkey Bussiness (Pistoleros de aguadulce, 1931), Horse feathers (Plumas de caballo, 1932) y Duck Soup (Sopa de ganso, 1933), todas ellas en la Paramount. Esta última es la comedia más delirante de los Hermanos y la favorita de la mayor parte de la crítica; también de Groucho, que la considera la más loca de cuantas filmaron. En ella, Groucho es el inepto presidente de una república bananera, sostenido por la millonaria Margaret Dumont, en guerra con un país vecino; Harpo y Chico son dos desopilantes agentes dobles secretos. Pero Sopa de ganso fue un fracaso de taquilla y la Paramount dejó caer a los Hermanos.

Harpo, el gamberro

Chico, el gamberro

Afortunadamente, el gran productor de la MGM, Irving Thalbert, los acogió e incluso potenció sus películas introduciendo una historia paralela a la comedia romántica con otros personajes, anormales por supuesto, que contrastaban con el slapstick de los Hermanos y daban al espectador “algo más”. Así, filmaron A night at the opera (Una noche en la ópera, 1935), At the races (Un día en las carreras, 1937), At the circus (Una tarde en el circo, 1939), Go West (Los Hermanos Marx en el Oeste, 1940) y The Big Store (Tienda de locos,1941). A partir de aquí, los Hermanos se separaron y cada uno fue por su lado. Regresaron al cine juntos, sin pena ni gloria, en 1946 con A night in Casablanca (Una noche en Casablanca). Coincidía esto con el fin de ciclo de las comedias screwball. En todo caso nos quedan todas las demás. Podemos imaginar la que organizan estos locos en un teatro de ópera, en el circo, en unos grandes almacenes o enfrentados al wild west. ¡Una auténtica locura!

Para mí, Una noche en la ópera es la favorita. Es tan delirante como Sopa de ganso y tiene momentos antológicos inolvidables: aparte de la hilarante escena del camarote, ya mencionada, recomiendo disfrutar con las siguientes: la discusión entre Groucho y Chico de un presunto contrato de un cantante de ópera, los destrozos que causan los Hermanos en la representación de “Il trovatore”, la suplantación de los tres pilotos interoceánicos a su llegada a Nueva York, los engaños a la policía cambiando muebles en la habitación del hotel y muchos momentos más que hacen inolvidable esta genial película.

Pasen señores, pasen y disfruten de estos genios. Yo sólo he disfrutado, y sigo disfrutando, tanto viendo cine, con John Wayne y el western. Pero eso es otra historia, como diría Kipling.

E.P.A

Un breve recuerdo de JAMES GANDOLFINI

El Sr. Gandolfini fue uno de los mejores actores secundarios de Hollywood durante las últimas dos décadas.

Digo que lo fue, porque hace poco más de una semana se nos comunicó la fatídica noticia de su muerte.

Y así quedará, como un actor de reparto de auténtico lujo.

Le podremos seguir viendo en buenas películas como Marea Roja, Amor a Quemarropa, Get Shorty, Fallen, Asesinato en 8 mm, The Mexican, El hombre que nunca estuvo allí, Corazones Solitarios, o la reciente Mátalos suavemente.

descarga (1)

Pero si por algo se le recordará fue por dar vida al jefe mafioso Tony Soprano en la serie Los Soprano emitida por la HBO, una de las mejor series, sino la mejor según la crítica, que jamás se hayan realizado.

A mí y a las muchas personas con las que he comentado las andanzas de la familia Soprano, no nos oirán recomendar otra serie mejor que esta.

Fue simplemente renovadora y en una sola palabra: fascinante.

Hace 15 años de su estreno, y no dudo que la gente que se enganchó desde el principio de su emisión, debió sentir lo mismo que sentimos los más jóvenes tras descubrir la primera temporada de Juego de Tronos, un hallazgo más de la cadena HBO.

Gandolfini ganó el Globo de Oro y varios Emmys por su perfecta creación del personaje, a la altura de los mejores papeles de Robert De Niro en Godfellas o Casino, y, salvando inevitablemente las distancias, del clásico Don Vito Corleone interpretado por Marlon Brando.

Una serie riquísima en cuanto a personajes, con sus particulares complejidades, que redefinió el carácter del género gangsteríl, introduciendo elementos psicológicos fundamentales para sentirse realmente involucrado en la trama y en la familia.

Nunca se nos olvidarán los títulos de crédito que jamás, a lo largo de las largas 6 temporadas, he rebobinado, o el final de la serie que, lleno de apreciaciones e interpretaciones (propias de los mejores clásicos del cine) dejó sin palabras a los fans.

Descanse en Paz Mr. Gandolfini.

José Mª Martínez Reixa.